¿Podemos volver a ser sostenibles cambiando nuestra forma de vida?

24.08.2020

El ser humano forma parte activa de todos los ecosistemas en los que vive, modificando medios y recursos. Hoy en día se habla mucho de cómo se consume una mayor cantidad de recursos de los que la Tierra es capaz de producir de forma sostenible. Tanto el tipo de alimentación como la gestión de recursos no renovables y el número total de personas que viven ahora mismo en el planeta influyen desequilibrando las condiciones ecológicas.

No siempre ha sido así. Hasta que comenzara a desarrollarse la agricultura, el número de individuos era muy limitado y el tipo de economía era cazadora-recolectora, porque lo que no había una gran influencia en el ecosistema. Era una economía de supervivencia en la que los grupos se movían para buscar sustento en caso de escasez así que no había un agotamiento en la producción natural.

Con el cambio al sedentarismo, se empezó a dar un cambio en la relación con el medio ambiente. Se modificaron paulatinamente especies animales y vegetales para adaptarlas al consumo. La estabilidad produjo un aumento de la población y, con ello, los recursos naturales necesarios para adecuarse a los requisitos. Las actividades económicas se modificaron a pesca y agricultura, que no supusieron un gran aumento en el impacto ecológico pero sí comenzaron a agotar el suelo natural que acaba desembocando en épocas posteriores en la necesidad de emplear otras técnicas para la recuperación del mismo.

Piedra de moler y semillas del yacimiento prehispánico de Cueva de Villaverde (Fuerteventura) Autor: José Juan Torres Fuente: Gobierno de Canarias
Piedra de moler y semillas del yacimiento prehispánico de Cueva de Villaverde (Fuerteventura) Autor: José Juan Torres Fuente: Gobierno de Canarias

A partir de ese momento la población humana ha ido aumentando exponencialmente hasta extenderse por prácticamente toda la superficie, especialmente a raíz de la revolución industrial. Esto ha producido que las necesidades energéticas y alimenticias hayan escalado hasta niveles insostenibles. A pesar de todo, durante la Edad Media, por ejemplo, hubo una serie de epidemias y plagas que permitió regular la cantidad de población de forma natural, tal y como se gestionan los ecosistemas no intervenidos. El impacto sobre el medio fue mayor de lo que se había producido hasta el siglo V a causa de actividades que empezaron a ser intensivas como el sobrepastoreo, la minería o el agotamiento del suelo. Precisamente el agotamiento del suelo fue lo que llevó a que se desarrollaran técnicas agrícolas como los sistemas rotativos de cultivo.

Desde los años 60, los movimientos ecologistas han tratado de conservar los recursos y reducir el impacto del ser humano en la Tierra. Aunque hay una mayor concienciación en algunos niveles de la población, aún a día de hoy hay mucho que cambiar, especialmente cuando año tras año se consumen los recursos "anuales" cada vez más pronto. Hoy en día existen diferentes propuestas sociales que intentan remitir los efectos, como es el promocionar las dietas vegetarianas o veganas, que han demostrado que reducen el uso de agua y son respetuosas con el resto de especies animales.

Una de estas propuestas es el "Parque pleistoceno". El geofísico Sergey Zimov ha creado un parque en el noroeste de Rusia que recrea el paleoambiente de la región con la plena intención de recuperar el permafrost, así como estudiar cómo el cambio de tipo de ambiente puede afectar en la emisión de gases de tipo efecto invernadero. No sólo se han recuperado las especies vegetales antiguas, sino también la fauna gracias a los registros paleobotánicos.

¿Es posible realmente recuperar el ecosistema y tener una influencia positiva como especie, a pesar de la desequilibrada presencia humana?

Existe una realidad y es que tenemos que cambiar la forma en que nos relacionamos con el planeta. Somos una especie más y tenemos que aprender a convivir de forma que no dañemos más el medio. De forma natural, cuando se regula la temperatura de la Tierra hay modificaciones en la biodiversidad de las distintas regiones climáticas; nuestra presencia es caduca puesto que no podemos evitar la sucesión de glaciaciones. Sí que podemos tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad ecológica para con el ecosistema. Propuestas como la de Zimov abren la puerta a la posibilidad de recuperar zonas en peligro por nuestra acción directa. Pero ante todo hay que tener en cuenta que no podemos detener el avance de la dinámica planetaria.

Una economía más sostenible y local, como la que se tenía durante el Paleolítico o incluso en el Neolítico, favorecería la disminución del impacto medioambiental; pero ¿está el ser humano actual preparado para volver a unas condiciones de vida tan distintas a las actuales donde la tecnología, el comercio internacional y el consumismo son primordiales?


Escrito por: Paula Caravella