Madera: un tesoro a conservar

Parque Neolítico de la Draga | Fuente: Visitmuseum
Parque Neolítico de la Draga | Fuente: Visitmuseum

La madera es, por excelencia, el material más empleado a lo largo del desarrollo de la humanidad. Son sus propiedades físicas las que la convierten en resistente y fácilmente tratable, por lo que es apta para la construcción, la ornamentación o el arte.

Es por ello que a la hora de llevar a cabo una excavación arqueológica es uno de los materiales que en mayor abundancia podría encontrarse a partir de una determinada época. Sin embargo, es, junto al resto de elementos bióticos que se pueden recuperar (semillas, otras plantas, textiles, etc), muy complicado de conservar. Existen una serie de agentes físico-químicos y biológicos que la atacan directamente, desde que comienza su utilización. Estos agentes suelen actuar combinados, atacando primero a la corteza, lo que debilita la madera para después ir acabando con la médula y el duramen.

Ante la vulnerabilidad de la madera, existen unos ambientes concretos en los que, pasados miles de años aún se pueden encontrar restos arqueológicos de este material. Estos ambientes son aquellos en los que hay humedad o aridez extremas y en medios anaerobios; esto es en zonas carentes de oxígeno, como algunos lagos o turberas. De esta manera, podemos encontrar depósitos de dos formas:

1) Completamente secos, sin luz y donde la temperatura y la humedad son completamente estables. Esto se suele dar en cuevas o abrigos rocosos, así como en cámaras selladas dentro de edificios, como tumbas o depósitos.

2) Con un nivel muy alto de agua en el subsuelo. Los sedimentos suelen estar impregnados en agua la mayor parte del tiempo. Suelen están en antiguas cuencas lacustres, áreas pantanosas y márgenes de ríos.

En la Península Ibérica, uno de los más importantes yacimientos que permite el estudio y conservación de madera es La Draga (Banyoles, Catalunya), siendo el único yacimiento lacustre paleolítico en la Península. El yacimiento se encuentra cubierto en diferentes secciones del lago, lo que ha permitido un gran registro y documentación de viviendas, utensilios, herramientas, semillas, etc. Todos estos datos han proporcionado una base sólida sobre la que investigar el paleoambiente y las actividades realizadas en torno al sitio. Este grupo neolítico obtenía madera de las proximidades, creando claros en el bosque de robles lo que les daba espacio para tener pequeñas zonas de cultivo y pastoreo. Del mismo modo, la presencia de arcos y puntas de flecha entre los restos hallados, habla también de caza.

Más recientemente, en 2018, se ha encontrado en Aranbaltza (Euskadi) una herramienta de madera que habría sido empleada por Homo neanderthalensis hace más de 90.000 años. Esta punta de unos 15 cm podría haberse utilizado para excavar aunque no se descarta que pudiera haber sido la punta de una lanza. La presencia de limos y arenas saturados en agua ha permitido que se conserve en el tiempo, siendo uno de los pocos yacimientos europeos que tienen madera asociada a ocupaciones neandertales o pre-neandertales.

La cuestión es que, si las condiciones para que se produzca el hallazgo de madera son tan particulares, la documentación y posterior estudio han de llevarse con el mayor de los cuidados. Gracias a los análisis xilotómicos se pueden conocer las propiedades de las maderas a extraer, determinando la metodología más propicia para cada momento. Para poder conservar la madera apropiadamente es necesario consolidarla y mantener la resistencia mecánica. Para ello, se utilizan parámetros de estudio, como el ASE, que mide la relación entre la contracción de madera no tratada y tratada y la contracción de madera no tratada. De este modo, cuanto más cerca del 100% está, menor contracción habrá. Además, los métodos que se deben emplear deben ser reversibles, es decir, permitir la extracción del producto empleado sin dañar la estructura de la madera.

Algunas de las técnicas que se utilizan son:

Gracias a una multidisciplinariedad se puede acceder a información muy variada a partir de los restos encontrados. Los estudios dendrocronológicos y de C14 proporcionan dataciones que permiten la localización en el tiempo de ese yacimiento. Además, el estudio de especies vegetales permiten comprobar si esa madera fue obtenida en la propia zona o se estableció una relación comercial para adquirirla y tratarla; de igual forma, gracias a los estudios paleoclimáticos se puede determinar el ambiente ecológico en el que se desarrolló la ocupación.