La enfermedad como facto ecológico: el siglo XXI es "una amenaza para la salud"

26.02.2020

Todas las especies humanas tienen su propia colección de patógenos; ambos, además de haber coevolucionado, están adaptados a un medio con factores ambientales concretos. Sin embargo, con el aumento del área de distribución humana aparecieron nuevos ecosistemas y, con ellos, nuevos patógenos con los que coevolucionar, la cual estará determinada por las características de los nuevos ecosistemas.

Por tanto, cada ecosistema tendrá su patrón de enfermedades, el cual variará en función de las características del ecosistema. La variabilidad de las enfermedades podemos conocerla a través de:

  • La etnología comparada.

  • Los registros históricos.
  • Las evidencias paleopatológicas, aunque no todas las enfermedades dejan evidencias en los huesos.
  • Los estudios moleculares, con el objetivo de datar cuando y donde nos infectamos por primera vez y la relación de parentesco entre determinados patógenos animales y humanos.

El origen del hombre anatómicamente moderno lo encontramos en África hace 200.000 años, aunque el poblamiento de todos los continentes se desarrolló hace entre 100.000 y 20.000 años. No existen registros para el origen del hombre anatómicamente moderno, pero si tenemos registros indirectos como, las evidencias arqueológicas y patológicas, la etnología comparada, aunque con cautela porque se trata de una extrapolación a partir de los últimos grupos vivos de cazadores-recolectores, y, los estudios moleculares.

Diseminación de humanos modernos (rojo) por encima de la tierra y la colonización anterior por el Homo erectus (amarillo) y el Homo neanderthalensis (ocre); los números de años antes del presente
Diseminación de humanos modernos (rojo) por encima de la tierra y la colonización anterior por el Homo erectus (amarillo) y el Homo neanderthalensis (ocre); los números de años antes del presente

Estas sociedades se organizaban en grupos reducidos, con un contacto ocasional entre grupos, lo que es poco propicio para patógenos infecciosos; tenían una división sexual del trabajo; eran nómadas, lo que reducía la exposición a enfermedades transmisibles, parásitos propagados por el aire o alimentos y contaminación fecal. Esta movilidad se debía a la búsqueda de alimentos, al exceso de ectoparásitos y muerte de algún miembro, y, estaba facilitada por la escasez de pertenencias y al número limitado de hijos supervivientes.

En cuanto a la alimentación, esta va a variar en función de la zona geográfica que ocupen, pero, en general, la dieta es rica en proteínas y fibras, pobre en sal, leche y azúcar, la grasa era escasa y los alimentos vegetales predominaban, además de que la malnutrición era rara y la muerte por inanición esporádica.

Con todo ello, podemos concluir que estas sociedades eran razonablemente sanas, pues sus condiciones de vida minimizan la exposición a enfermedades infecciosas y alteran mínimamente el ecosistema. Sin embargo, presentan una esperanza de vida baja debido a la elevada mortalidad, sobre todo infantil, lo que constituye un factor regulador con la disponibilidad de recursos.

El modo de subsistencia de estas sociedades es el que ha predominado a lo largo de la historia evolutiva, por lo que nuestro genoma ha tenido tiempo de adaptarse a cierta fauna parásita.

La fauna parásita existente es similar a la que presentar los grandes simios actuales: parásitos con elevadas tasas de transmisión e inmunidad inducida, ectoparásitos de ciclo de vida directo y parásitos específicos en función del hábitat; y, la zoonosis por manipulación de alimentos es frecuente, aunque esta no se expande mucho más allá del foco inicial de infección.

  • Enfermedad del sueño: se ha sugerido que es esta la enfermedad que mantuvo una reducida tasa de nacimiento entre los grupos de cazadores-recolectores de África e, incluso, lo que les motivó a salir del continente.

  • Fiebre amarilla: es una fiebre hemorrágica vírica transmitida por mosquitos (selvática, intermedia y urbana).

  • Varicela / herpes zoster: pertenece al grupo de herpevirus y la hemos heredado de nuestros antepasados hominoideos. Está presente en todas las tribus de cazadores-recolectores y está tan adaptada al ser humano que en raras ocasiones es mortal. La varicela se puede propagar en poblaciones humanas dispersas debido al ciclo vital de esta: la primera vez que se contrae se desarrolla la varicela, pero una vez superada, está permanece latente en las neuronas sensoriales, pudiéndose desarrollarse en forma de herpes zoster, relacionado con el envejecimiento, estrés, alteraciones del sistema inmune, etc.

Las enfermedades infecciosas debieron de ser escasas, en las tribus de cazadores-recolectores, y en su mayoría endémicas debido a las condiciones de vida de estas sociedades; las cuales no almacenaban alimentos ni agua, por lo que la probabilidad de contaminación fecal era baja, eran grupos pequeños y aislados, lo que dificultaba la propagación de las enfermedades infecciosas al romperse la cadena de infección, a excepción de los patógenos de vida larga y baja virulencia (como la varicela y el herpes tipo I) y de las enfermedades infecciosas crónicas, aquellas que sobreviven a largos de periodos de tiempo para infectar en los contactos ocasionales.

Las enfermedades infecciosas frecuentes en las sociedades industrializadas eran muy raras en las sociedades de cazadores-recolectores, debido al desplazamiento migratorio y a la búsqueda diaria de alimentos, por lo que realizaban una elevada actividad física y por tanto tenían poca grasa corporal.

Las causas de muerte más frecuentes en estas sociedades eran el envenenamiento, lesiones y heridas tanto por accidente como por la caza, la picadura de serpientes en el trópico, ahogamiento e hipotermia en el ártico, complicaciones en el parto en el caso de las mujeres, y, mortalidad social-ritual.

Imagen de Dan Burr
Imagen de Dan Burr

 El cambio de sociedades cazadoras-recolectoras a agrícolas se produjo hace aproximadamente 12.000 años, en diferentes lugares y en diferentes momentos con el desarrollo del sedentarismo y la producción de alimentos. Pero, no debemos olvidar que este cambio fue gradual, por lo que lo más probable es que coexistieran ambos tipos de sociedades, aunque finalmente la de cazadores-recolectores fue desplazada por las agrícolas, que pasaron a ser mayoritarias, a excepción de Australia.

La domesticación de plantas y animales se inicio de manera independiente en 9 regiones, cinco de ellas seguras (Creciente Fértil, China, Mesoamérica, Amazonas-Andes y este de EE. UU) y cuatro en duda; en el resto del mundo se importaron las técnicas y se domesticaron especies autóctonas.

Estas sociedades agrícolas tienen ventajas aparentes, un lugar permanente, alimentos de manera regular, almacenamiento de estos y de animales de tiro, por lo que se espera que estos individuos tengan una mejor salud, mayor longevidad y, por tanto, un crecimiento poblacional. Sin embargo, la sedentarización, la producción de alimentos y un mayor control sobre e ambiente produjo una importante alteración de la dieta, de la organización social, de la demografía y de las pautas comportamentales; por lo que a partir de estos momentos va a predominar como causa de muerte las enfermedades infecciosas y las enfermedades nutricionales derivadas de periodos de malas cosechas.

Por tanto, el resultado del desarrollo de las sociedades agrícolas fue el establecimiento de un patrón epidemiológico diferente al de las sociedades de cazadores-recolectores.

Según McKeown, fueron cuatro los tipos de influencias las que condujeron al predominio de las enfermedades infecciosas como causa de muerte en las sociedades agrícolas:

  1. La existencia de poblaciones suficientemente grandes para el establecimiento y expansión de infecciones. Un mayor tamaño poblacional conlleva a un mayor contacto interpoblacional, lo que favorece la propagación de enfermedades de vida corta y elevada virulencia, y, a la propagación de enfermedades transmitidas por vía respiratoria como, la viruela, el sarampión, las paperas y el polio.
  2. La insalubridad y hacinamiento, lo que aumenta el grado de exposición a patógenos infecciosos. Esto conlleva a la contaminación del agua, por lo que aumentan las enfermedades intestinales como, la fiebre tifoidea, la disenteria y el cólera, y la contaminación de los alimentos, lo que aumenta la existencia de macroparásitos intestinales, que provocan enfermedades como el ergotismo y la zoonosis.
  3. Un estado nutricional deficiente, lo que reduce la resistencia del individuo frente a los patógenos. Esto es multiplicador del alcance de las enfermedades y agudiza las enfermedades comunes, empeorando todo ello con los periodos de hambrunas, lo que dará lugar a epidemias.
  4. Un mayor contacto con animales, lo que conlleva un aumento de la zoonosis y un cambio de hospedador por parte de los patógenos de las enfermedades.

Según McKeown, las enfermedades nutricionales, las cuales eran poco frecuentes entre los cazadores-recolectores, aumentan en estas sociedades agrícolas debido al cambio de dieta, pues se pasó de una dieta basada principalmente en vegetales a una dieta pasada en cereales cultivados, por lo que la dieta se hace poco variada y pobre por la escasez de micronutrientes.

Estas enfermedades carenciales se van a intensificar en los periodos de malas cosechas, aumentando con ello los patógenos animales y vegetales, lo que dará lugar a plagas por la existencia de un sistema inmune débil.

Con ello, en las sociedades agrícolas se va a sustituir la proteína de la carne por una fuente proteica barata y va a aumentar el consumo de cereales, y, con ello, el aumento de la PUFAs (ácidos grasos poliinsaturados), lo que supone la aparición de trastornos dentales como las caries y el desgaste.

Imagen: blogdehistoria.info
Imagen: blogdehistoria.info

Con la aparición de las primeras ciudades, en aquellos lugares donde con anterioridad había aparecido la agricultura, se agudizaron los problemas de las sociedades agrícolas, aumentando la diferencia entre núcleos urbanos y núcleos rurales; en los núcleos urbanos existe una mayor concentración y por tanto una mayor insalubridad, por lo que muchas enfermedades víricas se hacen endémicas; en cambio, en los núcleos urbanos la concentración en menor y con ella una menor insalubridad, y, por tanto, menos incidencia de enfermedades.

Hace 6000 años las poblaciones eran suficientemente grandes como para propiciar un aumento de la propagación de enfermedades transmitidas por aire y contaminación fecal.

Durante la Edad Media, la convivencia se desarrollaba en ciudades muy densas e insalubres, por lo que se convivía con numerosos patógenos que propiciaban todo tipo de enfermedades.

  • Hacinamiento y poca ventilación: transmisión aérea.

  • No existencia de saneamiento: transmisión fecal-oral.

  • Falta de higiene personal: abundancia de vectores.

Fue en las ciudades preindustriales cuando y donde tuvo lugar el cambio de hospedador y el inicio de la coevolución entre hospedador y patógeno. La industrialización fue mucho más rápida que el paso de cazadores-recolectores a sociedades agrícolas, por lo que no hubo tiempo suficiente para una coevolución/adaptación. El rápido aumento poblacional propicio un aumento de los efectos nocivos en la población y con ello el aumento de las enfermedades infecciosas, con mayor incidencia en las clases bajas.

Recreación ideal de los suburbios de la Córdoba omeya realizada por A. Redondo Paz (FERNÁNDEZ-PALACIOS, 2013).
Recreación ideal de los suburbios de la Córdoba omeya realizada por A. Redondo Paz (FERNÁNDEZ-PALACIOS, 2013).

Hace aproximadamente 2500 años, el norte de África y Euroasia concentraban el 90% de la población mundial, una población que estaba en aumento y con grandes avances tecnológicos, lo que propició el contacto entre regiones distantes y, con ello, la expansión de las enfermedades.

Durante la Edad Media las epidemias orientales pasaron a Europa a causa de los desplazamientos frecuentes, rutas comerciales, guerras y peregrinaciones. Las enfermedades infecciosas se agudizaron en el viejo mundo, se hicieron endémicas las enfermedades infantiles y la coevolución redujo la virulencia de estas.

Son múltiples las epidemias que se han venido dando desde la Prehistoria, pudiendo distinguir principalmente, las más importantes,  transiciones epidemiológicas:

  1. 1º transición epidemiológica: asociada al inicio y expansión de la agricultura, con la aparición de muchas de las enfermedades infecciosas.

  2. 2º transición epidemiológica: es la transición clásica, la del paso de las enfermedades infecciosas a las enfermedades crónicas y degenerativas como principal causa de muerte.

  3. 3º transición epidemiológica: en la actualidad se caracteriza por un aumento rápido de enfermedades nuevas y enfermedades reemergentes, las cuales se creía que estaban bajo control.

La tercera transición epidemiológica esta ocurriendo en un contexto de globalización, en el que participan el comercio internacional, la migración, el turismo, el tráfico de especies animales, etc. La tendencia da tercera transición epidemiológica se caracteriza por un aumento de las enfermedades nuevas como nunca se había visto, por un aumento de la incidencia y prevalencia de enfermedades ya existentes que se creían bajo control, y, por el desarrollo de resistencia frente a antibióticos por parte de las enfermedades reemergentes. 

Es posible que este aumento de nuevas enfermedades se deba a una mayor capacidad de detección de estas por parte de las instituciones y personal sanitario.

El cambio de hospedador se puede producir por cambios ecológicos y/o por un mayor contacto con humanos. La resistencia de muchas cepas frente a numerosos antibióticos se debe principalmente el abuso de estos por parte del personal médico, al uso inadecuado de ellos por parte de los pacientes, quienes no finalizan el tratamiento, por la susceptibilidad del hospedador, pues muchas de las cepas resistentes aparecen en individuos inmunodeprimidos y de edad avanzada con largas estancias en hospitales, y, por el abuso de antibióticos tanto en la industria agrícola como en la ganadera, lo que genera la aparición de cepas multirresistentes de patógenos transmitidos por alimentos.

El siglo XXI es una amenaza para la salud, pues nos encontramos en un mundo que es móvil, interdependiente e interconectado, lo que va a favorecer a la rápida propagación de enfermedades infecciosas ya existentes y a la aparición de nuevas.

Imagen: www.comofuncionaque.com
Imagen: www.comofuncionaque.com

Por tanto, el objetivo de la salud publica debe ser el fortalecimiento de los sistemas sanitarios débiles, principalmente de los países menos desarrollados, pues muchas de las enfermedades originadas se podrían haber evitado si sus sistemas sanitarios fuera de mayor calidad. Con ello se pretende garantizar la sanidad mundial.