Ser “hipercarnívoros” fue el elemento clave para la evolución de Homo

10.05.2022

Muchos de los estudios centrados en la dieta se han llevado a cabo, en gran medida, tomando datos provenientes de la etnografía y han estado centrados en averiguar la dieta, pero sin hacer referencia al "nivel trófico". Del mismo modo, se han usado referencias a las dietas de las sociedades cazadoras-recolectoras del siglo XX para asimilarlas a las que podría tener una sociedad cazadora recolectora del Paleolítico. Este nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Tel-Aviv, intenta reflejar el error que esto supone. Proponen un enfoque paleobiológico y paleoecológico, junto con evidencias genéticas, fisiológicas, arqueológicas, paleontológicas y zoológicas. Las evidencias las obtienen de 25 fuentes diferentes. Y se centra en averiguar el nivel trófico como elemento fundamental en conexión con la evolución de Homo.

En este estudio, mediante el análisis del nivel trófico, han sido capaces de analizar la posibilidad de que los humanos del paleolítico no fuesen tan flexibles a la hora de elegir entre animales o plantas para alimentarse, al contrario de lo que ocurre en las sociedades cazadoras-recolectoras del siglo XX. Esta flexibilidad que se cree que tenían también venía condicionada por la ecología local del lugar. Sin embargo, los investigadores creen que las dietas variadas de las sociedades c-r del s. XX podrían ser el resultado de adaptaciones fisiológicas y tecnológicas a las condiciones ecológicas del Antropoceno que nada tienen que ver con las condiciones durante el Pleistoceno. Proponen que las dietas de las sociedades c-r podrían parecerse más a las de sus ancestros post-paleolíticos que a las de los humanos del Paleolítico Inferior, Medio o incluso parte del Superior.

El estudio se centra en lo que llaman "la memoria conservada de los propios cuerpos humanos", es decir, en el estudio del metabolismo, la genética y la constitución física. De este modo, descubrieron datos como la elevada acidez del estómago humano en comparación contras especies omnívoras. Este hecho lo explican como necesario para hacer frente a un elevado consumo de carne. A partir de esto, siguieron investigando otros marcadores y comprobaron, por ejemplo, que la estructura de las células grasas de nuestro cuerpo es más parecida a las de los depredadores carnívoros que a las de otras especies omnívoras. Así, llegaron a la conclusión de que es correcto afirmar que nuestra genética está optimizada para consumir una dieta rica en carne, al contrario de los chimpancés, cuya dieta es rica en azúcares.

Uno de los datos más curiosos que ha aportado este estudio es el obtenido al realizar los análisis de isótopos estables en los restos óseos prehistóricos. Este análisis proporciona evidencias de un alto consumo de carne. Esto sumado a la aparición tardía de herramientas para el procesado de las plantas y el estudio zooarqueológico, con el análisis de las extinciones de animales de gran tamaño, ha llevado a los investigadores a sugerir que ya Homo erectus era cazador de animales de gran tamaño, lo que se mantuvo en el tiempo. En este contexto, también destacan la caza de animales con gran porcentaje de grasa, lo que permitiría una mayor obtención de grasa que sería almacenada para periodos de largos periodos de ayuno.

Fuente: QUO
Fuente: QUO


Todos estos datos y más que se reflejan en el estudio sugieren que el consumo de plantas no fue importante hasta finales de la Edad de Piedra. Según los investigadores, el éxito de la caza de animales de gran tamaño y, por tanto, la extinción de especies de este tipo, fue lo que les obligó a incorporar más vegetales en su dieta. No obstante, señalan que se trata de un primer acercamiento a un enfoque trófico de la dieta enfocado a la evolución y que hay mucho trabajo aún por hacer en este ámbito. 

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Escrito por: Aurora Asín