Cambios climáticos y evolución humana

27.07.2020

Cada vez son más los investigadores que comienzan a ver los cambios climáticos como uno de los factores que modelaron la evolución humana, a lo que se suma varias investigaciones recientes, a partir del estudio del suelo africano, sedimentos marinos y dentadura fósil, que indican que la extinción y éxito de algunos de nuestros ancestros coincidieron con alternaciones climáticas.

En la región del Lago Turkana, así como en diversos yacimientos del este y sur de África, es donde se encuentra la mayor parte del registro fósil de los primeros estadios de la evolución humana y la trayectoria que siguió cuando nos separamos de los simios africano hace unos siete millones de años.

El registro fósil evidencia que algunas de las importantes variaciones climáticas africanas coincidieron con dos acontecimientos clave en nuestra historia evolutiva: el primero, hace entre 2,9 y 2,4 millones de años, cuando los australopithecus afarensis se extinguieron y aparecieron dos grupos bien diferenciados, el género Homo y el género Paranthropus, y, el segundo, hace entre 1,9 y 1,6 millones de años, cuando apareció una especie más carnívora y dotada de un cerebro mayor, el Homo ergaster y/o Homo erectus.

Estos dos hitos evolutivos coincidieron con períodos de cambios climáticos con un gran impacto ecológico, por lo que nuestros ancestros se vieron obligados a adaptarse a diversas situaciones y/o circunstancias para sobrevivir. Las pruebas obtenidas del suelo africano, sedimento marino y dentaduras fósiles evidencia que aquellos homininos con mayor flexibilidad alimentaria y de hábitat fueron los que prosperaron; es lo que llama Rick Potts (Paleoantropólogo de la Institución de Smithsoniana "selección por variabilidad".

Pero la relación entre cambios climáticos y evolución no es una idea moderna, pues ya Charles Darwin pensaba que las modificaciones de alimentos, refugios y otros recursos disponibles como causa de los cambios climáticos llevarían en última instancia a la adaptación, extinción o evolución hacia una especie diferente. Son varias las teorías que explican como el medio ambiente pudo haber condicionado nuestra evolución, pero lo cierto es que la transición del bosque a la pradera de produjo en una sucesión de ciclos húmedos y secos, derivados de las variaciones de la órbita terrestre, que evolucionó hacia condiciones cada ves más áridas; lo mismo ocurrió con la adquisición de los rasgos humanos.

De manera paulatina vamos entendiendo mejor el origen de nuestra especie y dejamos atrás la vieja imagen en la que nuestros ancestros emergían de un oscuro y remoto bosque para dormitar en las praderas. Cada vez disponemos de más pruebas que evidencian una serie de ciclos climáticos rápidos y dos grandes cambios en el origen de la sabana africana, a la cual nuestros ancestros más flexibles se adaptaron. Aunque aún debe afianzarse la relación entre clima y evolución, la pregunta sobre como hemos llegado a convertirnos en lo que somos está a nuestro alcance.  

Fuente: Investigación y Ciencia (2018)