Datos y teorías

Cuando hablamos de Prehistoria nos referimos al período cronológico en el que vivieron los humanos en la Tierra hasta la aparición de la escritura, momento en el cual comienza la Historia. Muchas personas creen, erróneamente, que la Prehistoria abarca todo el período anterior, especialmente cuando vivían los dinosaurios, incluso llegan a creer que los humamos compartimos existencia con estos. Pero muy lejos de la realidad, este período anterior a la existencia humana, de una duración temporal imposible de entender es objeto de otras ciencias como la geología y la paleontología.

Los humanos tenemos un recorrido de apenas dos o tres millones de años de antigüedad, mientras que los dinosaurios vivieron hace 60 millones de años y la Tierra se formo hace 4.500 millones de años. Podríamos esperar que el interés por saber que ocurrió desde que aparecimos es algo natural en una especie inteligente como la nuestra, pero en realidad son pocas las civilizaciones que se preocupan por ello. De hecho, los arqueólogos que excavan restos prehistóricos en lugares donde aún existen grupos tradicionales suelen tener problemas, pues las gentes del lugar se preocupan unicamente por sucesos acontecidos durante los últimos siglos.

Pero todo buen prehistoriador tiene una curiosidad insaciable de saberlo todo, pero ¿a que nos referimos cuando decimos que queremos saberlo todo? Es evidente que nunca podremos llegar a conocer asuntos de la vida diaria de nuestros antepasados, pues eso tampoco lo podemos saber de nuestros padres y abuelos, lo que deseamos y pretendemos conocer son las circunstancias medioambientales, económicas y sociales en las que vivieron nuestros antepasados, además de la tecnología que produjeron.

Que los humanos seamos en términos biológicos un mamífero más tiene ventajas para la investigación, pues los prehistoriadores pueden aplicar los conocimientos y técnicas que zoólogos y paleontólogos conocen desde hace siglos. Existen características que nos diferencian de los tantos animales terrestres que existen, pero quizás una de las que más nos diferencie es que somos el animal que más testimonios dejamos sobre nuestro paso en la Tierra, proceso que se ha acelerado peligrosamente en la actualidad.

En los inicios de nuestra existencia, tan solo dejábamos unas cuentas piedras, reconocidas hoy día por los arqueólogos por haber sido modificadas de forma intencional y metódica, y otra serie de objetos realizados en materiales orgánicos, como la madera por ejemplo, que por su naturaleza no se han preservado pero imaginamos que debieron de existir por la lógica de su uso hasta nuestros días. Aunque nuestro objetivo son las personas y las sociedades que fabricaron estos objetos, a veces nos enfrascamos en análisis tan complejos de estos objetos que es frecuente olvidar que estos fueron realizados por alguien no muy diferente a nosotros.

Muchos de estos objetos producían extrañeza entre quienes lo descubrían, debido a que desconocían su uso, y al no disponer de un objeto contemporáneo similar le atribuían a estos un origen mágico. Fue cuando los europeos llegaron a América, a comienzos de la edad media, y vieron que los indios utilizaban útiles de piedra similares a los encontrados cuando descubrieron la verdadera función de estos.

De esta manera surgió el primer modelo teórico de la prehistoria: el pasado europeo y el presente extraeuropeo son lo mismo y surgieron los dos modelos de análisis que a día de hoy siguen vigentes: el evolucionismo cultural (todos los grupos humanos pasan por etapas de desarrollo similares) y la etnoarqueología (la única forma de interpretar el pasado es con ideas y comparaciones del presente etnográfico.

Desde una perspectiva historiográfica, el concepto de "prehistoria" ha experimentado transformaciones durante los dos últimos siglos que son esenciales para entender la situación presente. Se partió de una idea religiosa que solo aceptaba la explicación de la Biblia, es decir, que todo lo existente había sido creado por Dios en un tiempo pasado relativamente reciente. Cuando los naturalistas, contemporáneos, encontraron huesos fósiles de animales hoy desaparecidos, pasó a pensarse que habían tenido lugar uno o dos diluvios que habían destruido parte de los seres creados por Dios, y, que el ser humano había sido creado tras este. Pero el problema llegó cuando se encontraron junto a los huesos fósiles artefactos de piedra tallada, lo que produjo una gran controversia en Europa sobre la posible existencia de un hombre "antediluviano".

Y, aunque esto ahora nos parezca un asunto trivial, en aquella época supuso importantes conflictos morales entre ciencia y religión, que llegó a afectar, entre otros, al padre del evolucionismo, Charles Darwin. El darwinismo no solo cuestionaba la imagen deísta y estable del mundo, sino que también desestabilizaba la idea de progreso propia de la modernidad, al proponer un mecanismo aleatorio (selección natural), carente de programa y basado en el doble de azar de herencia y medio ambiente para explicar a variación de la naturaleza. Los intelectuales de las clases dominantes europeas adoptaron el darwinismo como ideología para sustentar la desigualdad social existente (ley del más fuerte), lo que impulsó a funcionar a la ciencia prehistórica bajo este nuevo paradigma, ampliándose las excavaciones de yacimientos paleolíticos en Francia, Inglaterra y España.

En cuanto a la evidencia material, es habitual creer, desde el desconocimiento, que los arqueólogos van al campo y bien cogen las cosas antiguas que encuentran en el suelo o realizan un agujero en este cuando creen que ahí abajo puede haber algo. Esta creencia está muy lejos de la realidad, pues la arqueología actual está basada en la relación de arqueólogos con otros científicos con el objetivo de poder desentrañar el pasado, y es más, esta profesión ha alcanzado una gran sofisticación técnica para así poder extraer toda la información posible de restos pasados tan exiguos.

En el siglo XIX, prehistoriadores y antropólogos adaptaron el evolucionismo biológico para explicar los cambios culturales, para ello crearon el llamado evolucionismo cultural, que en realidad es una versión simplificada del adaptacionismo de Darwin. El evolucionismo cultural proponía que todas las sociedades debían de pasar por una serie de etapas a lo largo del tiempo (salvajismo, barbarie y civilización), que explicaba el progreso humano y la superioridad europea frente al resto. El evolucionismo cultural fue usado para justificar el imperialismo, argumentando no solo que unos pueblos podían dominar a otros, sino que las naciones avanzadas (europeas y de hombres blancos) tenía el deber, divino, de ayudar a otros pueblos menos avanzados a progresar, para que así pudieran alcanzan su estatus.

Posteriormente, en la primera mitad del siglo XX se produjo un enfriamiento del evolucionismo cultural, paralelo e influido por la corriente "historicismo cultural" en Norteamérica y por el difusionismo en Europa. En prehistoria se entendió que el historicismo cultural veía la evolución humana dividida en una serie de culturas, cada una desarrollada en una época y correspondiente a un pueblo o etnia, y, la tarea de los arqueólogos consistía en describir cada una de ellas y averiguar en que siglos o milenios tuvo lugar. Y, por otro lado, se entendió que el difusionismo daba explicación a los cambios culturales bien por movimientos poblaciones o por influencias derivadas del contacto o de la simple imitación.

Todo esto propició la expansión empírica, con la recuperación del máximo de datos mediante grandes excavaciones arqueológicas y el estudio del mayor número de pueblos premodernos por parte de los antropólogos. Fue esta aproximación entre la arqueología y la antropología, con la combinación del evolucionismo y el funcionalismo, lo que dio lugar al gran avance teórico de los años 60 y 70 del siglo pasado, conocido como la "nueva arqueología" o "arqueología procesual".

La arqueología procesual, además de ser evolucionista, es funcionalista, pues entiende a las sociedades humanas como organismos en equilibrio interno, entre las diferentes clases, y externo, con el medio ambiente, el cual consigue mediante el cumplimiento, por cada una de las partes/clases, de un papel. Respecto a la Prehistoria, la arqueología procesual aspiraba a explicar los fenómenos sociales de este período, buscando para ello sus datos y fijándose principalmente en los aspectos tecnológicos de la cultura material, intentando correlacionarlos con los cambios medioambientales. Otra virtud de esta arqueología radica en que consideraba importante todos los restos hallados, incluidos los más fragmentados y pequeños, con la idea de buscar una imagen en conjunto y completa de la cultura prehistórica.

Pero como a todo, a la arqueología procesual le surgió otra opuesta, la arqueología posprocesual, cuyos aspectos esenciales son difíciles de resumir en pocas palabras y tampoco son de gran importancia aquí. Sin embargo, lo que si es importante es que tanto procesuales como prosprocesuales deben basar sus construcciones teóricas en datos empíricos, los cuales a priori son idependientes de las teorías, por lo que pueden ser utilizados por cualquier investigador para alcanzar sus propias conclusiones con independencia de su punto de vista.

Todo esto puede parecer desconcertante, pero las polémicas intelectuales revelan que nuestro trabajo esta vivo y en constante cambio, además de que es bueno que haya muchas visiones diferentes del pasado, pues al igual que en la actualidad, no existe un solo punto de vista que explique la realidad social.


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